lunes, 15 de mayo de 2017

Boca fue más de lo mismo

Claro que la derrota duele. Como todas. Y es cierto que en el clásico se siente todavía más. Sin embargo, las diferencias abismales que existen entre Boca y River hacen que la bronca sea solo momentánea. La distancia ya estaba bien marcada antes del 24 de junio de 2011, pero ese día la historia se encargó de provocar un quiebre definitivo. Un hecho que terminó de inclinar la balanza. Una mancha imborrable que ridiculizó aún más la rivalidad. Y nada volvió a ser igual.



Aquel suceso no hizo más que profundizar una grieta que se había formado por la desigualdad de títulos obtenidos, la obscena  paternidad y prácticamente todos los registros estadísticos que se busquen. Por eso es tan complicado ubicar en el mismo plano a dos equipos cuya similitud es solo posible a raíz del negocio que generan y la necesidad del simpatizante argentino de encontrar el enfrentamiento alrededor de una pelota. Con datos objetivos y algo de coherencia, no existe comparación posible.


En el análisis futbolístico, Boca fue más de lo mismo. Los problemas que se observaron son semejantes a los que se vienen remarcando en partidos anteriores. La única diferencia fue que esta vez no le alcanzó para ganar. Y esto explica por qué las limitaciones del resto son tan o más importantes que los méritos propios para ser el único líder del campeonato. Hasta que no se logre seguridad, equilibrio y solidez será muy difícil poder ilusionarse con pelear objetivos realmente importantes.
Lo que quizá sorprendió fue el nivel tan pobre del primer tiempo. Solo un equipo como River puede contar con tantas ventajas para liquidar un encuentro y que casi se lo empaten. De hecho, lo único que mantuvo la incertidumbre en el resultado fue el gol de Gago. Y nació de un regalo. El equipo no tenía forma de acercar peligro y estaba más cerca de ser goleado que del descuento.  En la segunda parte tuvo algunas situaciones, pero la falta de jerarquía lo volvió a dejar con las manos vacías.
Siempre se señaló  a la zaga central como el punto más flojo de Boca y por eso no llamó la atención el paupérrimo rendimiento de Vergini e Insaurralde. El partido de Peruzzi a la hora de defender también fue lastimoso. Y si el mediocampo tiene serias dificultades para frenar a los rivales la cosa se complica aún más. Todavía no se entiende cómo Barrios no es titular, lo mismo que sucede con Bentancur pero a la inversa. Por suerte, su participación en el Mundial Sub 20 lo tendrá afuera por un rato.
Este plantel sobrevalorado no parece tener el carácter, la personalidad y la autoridad de aquellos que tanta gloria supieron conseguir. Con varios puestos a reforzar de manera urgente en el próximo mercado de pases tampoco encuentra entre los suplentes alguna alternativa para cambiar la ecuación. Y se le vienen seis fechas para defender un liderazgo cada vez más endeble y con un margen que se achica con el paso de las semanas. Para colmo, otra lesión de Centurión. Igual, peor es irse a la B…

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