miércoles, 15 de febrero de 2017

Guillermo Barros Schelotto, un DT que los vuelve locos

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Guillermo Barros Schelotto envuelve a todos con su histeria. Por eso no llama la atención que Boca, aún habiendo terminado 2016 como líder del fútbol argentino, no haya encontrado tranquilidad durante el receso. Sigue siendo una bola de electricidad, gritos y desorden. Hubo un nerviosismo generalizado en los amistosos de verano y la situación se tensó tanto que hasta dos jugadores se agarraron a trompadas frente a las cámaras en un entrenamiento. Eso sin contar las expulsiones en Mar del Plata de los dos mellizos ante River. Guillermo, en el primer tiempo, porque enloqueció a medio mundo, y Gustavo, porque el equipo entró tarde tras el descanso. Así no se puede. El efecto contagio termina siendo totalmente negativo.




Guillermo Barros Schelotto baja un mensaje ganador, pero se le escapan las formas. Le pasó en Lanús y ahora, en Boca. Se equivoca en algo: ya no es jugador y las mañas con las que se movía por el campo no son las mismas en el pizarrón. Se puede tener autoridad sin gritar como un loco. El don de mando no se consigue nada más que con imperativos, ya que también cuentan los ejemplos. Un buen ganador nace de un buen perdedor y, a veces, la derrota engrandece. Admitirla sin echarle la culpa a los ajenos no hace daño, al contrario, rejuvenece. El temperamento pasa por otro costado. Guillermo debe entenderlo. Boca, también.Un DT que los vuelve locos


LA NACION

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